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Lunfardo
Según el Diccionario Enciclopédico Abreviado el Lunfardo
es una
"jerga hablada en los bajos fondos porteños y de las
principales ciudades del país, por gente de mal vivir o personas
que sin ser propiamente delincuentes, moran con ellas o frecuentan
su trato" y en respeto al tango arrabalero "ha sido el
principal vehículo de ese lenguaje (...)". (Diccionario
Enciclopédico Abreviado, IV, Buenos Aires 1945).
El poeta Horacio Salas, en su libro El Tango, sostiene que es el
lenguaje críptico que usaban los ladrones para despistar
a la policía. Amaro Villanueva afirmaba al respecto que el
término procedía del lombardo o natural de Lombardía,
gentilicio con el que antiguamente se caracterizaba a los ladrones
en Italia. En cambio, para José Gobello, presidente de la
Academia Porteña del Lunfardo, el lunfardo no fue en su origen
un lenguaje secreto sino "el repertorio de términos
que utilizaba el pueblo de Buenos Aires de entre los que, a fines
del siglo XIX y comienzos del XX, trajo la inmigración. A
los que incorporó a su propio lenguaje, con intención
festiva, cambiándoles a veces la forma y el significado".
Sea un idioma nacido "de la furca y la ganzúa",
como decía Borges, o de los dialectos inmigratorios, lo cierto
es que con el correr del tiempo se introdujo en el habla de los
conventillos y después se hizo lenguaje usual en Buenos Aires.
Y también el tango, que hizo de sus vocablos la argamasa
de algunas piezas inolvidables.
"Carancanfunfa se hizo al mar con
tu bandera
y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina."
(El Choclo)
La primera canción, si no cronológicamente, al menos
por su importancia, es la del tango Lita, rebautizado Mi noche triste.
Aquellos octosílabos memorables comienzan con un vocablo
lunfardo, "percanta que me amuraste". Sobre el modelo
de Contursi, muchos otros letristas lunfardizaron, sobre todo Celedonio
Esteban Flores, quien lo hizo con gran talento. Homero Manzi -en
cuya genealogía poética se encuentran González
Castillo y Borges- prescinde de ese vocabulario chúcaro,
y lo mismo hace Discépolo en sus años postreros. Homero
Expósito tampoco lunfardizó, salvo por excepción.
Y el tango moderno, cuyo príncipe es Horacio Ferrer, acude
a él con sabiduría, más que como lenguaje,
como toque literario.
El lunfardo tuvo también sus poetas. Dos de los más
importantes fueron Felipe Fernández (Yacaré), autor
de los Versos rantifusos y el Malevo Muñoz, alias Carlos
de la Púa, creador de la Crencha engrasada, la obra mayor
que produjo este lenguaje.
En el idioma de Buenos Aires y sus cercanías uruguayas el
lunfardo es un elemento esencial y evolutivo en su apariencia y
uso. Junto a la pronunciación de la "ll" y la "y",
el "vos" en vez de "tú", las palabras
lunfardas que se entremezclan en el habla cotidiano designan la
mayor diferencia entre el castellano de Buenos Aires y el español
del "viejo continente".
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